El Niño de Belén en Córdoba

 Jesús nace en Belén


  Historia del Pesebre: por el año 1223, San Francisco de Asís, tuvo la feliz inspiración de trasladarse con sus monjes compañeros a un bosque cercano para celebrar en ese año, en una forma nueva, la Natividad del Señor. En el hueco  de una roca estaba la ermita donde San Francisco colocó el Pesebre lleno de heno. Se trata de la ermita de Greccio que después se generalizó por todo el mundo, copiado por los hermosos y monumentales pesebres accionados por artefactos eléctricos, por los modestos pesebres parroquiales o por los minúsculos pesebres de los niños.  
     En aquella Nochebuena de 1223 llegaron a la gruta: San Francisco, sus Monjes, los Hermanos Menores y muchos vecinos a la luz de los cirios encendidos. El altar fue el propio pesebre, y como en Belén, testigos mudos, el buey y el asno.

NAVIDAD EN LA CÓRDOBA DE ANTAÑO
NAVIDAD EN CÓRDOBA
 Córdoba, como la Roma, era el centro del catolicismo argentino, ofrecía una vida religiosa intensísima.
Uno de los aspectos salientes de la modalidad religiosa lugareña, se expresaba en la celebración de la espera del Mesías, el Adviento, la Nochebuena y la Natividad del Señor. La preparación espiritual de la misma se iniciaba durante el tiempo de Adviento; las almas, los ojos y los corazones vivían anhelantes, pendientes del gran suceso, para ello, todos, hombres y mujeres, grandes y chicos, haciendo “los pañales para el Niño Dios, que debía venir desnudito y pobre”; esto consistía en una infinita variedad de pequeños sacrificios, amén de los ayunos prescriptos, como el de privarse de la primera breva madurada indefectiblemente el día de San Andrés, del dulce casero, “el arrope”, del dulce de chañar, o de piquillín, preparado para el día de Ánimas o de todos los Santos; del mate acompañado de las infaltables “morenitas”, de los churros calientes con espeso chocolate, de las calientes áncuas, y de tantas otras tentaciones a la gula de los fieles.
  Así, con esta disposición del alma y preparación del cuerpo en el sacrificio callado, silencioso, ofrecido al “Niño desnudito”, se iniciaba la Novena del Niño Dios, que en todas partes se reza con solemnidad.
  En la Nochebuenala Misa del Gallo reunía extraordinario número de fieles devotos, sobretodo de los barrios pobres.
  Aparte de los clásicos pesebres levantados en el interior de todos los templos, iglesias y capillas, se cintaban los armados en las casas de familia, que rivalizaban, en la esplendidez de los mismos. Quedan grabados en el recuerdo una gran cantidad que en el tiempo viejo levantaba la piedad de las familias: citaremos algunos: el de la familia de D. Eusebio De Anquín, en Ayacucho y San Juan; el de Doña Marcelina Peña, en Ayacucho al 369; en la primera cuadra de Tucumán, la familia Carrizo realizaba toda la Novena y al final obsequiaban a los visitantes con colaciones, alfeñiques, empanadas, dulces y corderitos. El de Clementina del Corro y su hermana doña Pastora. Muy notables los levantados  por la piedad fervorosa de los Ortiz Funes; de la sta. Zebina del Carmen Funes, en Ramón Ocampo al 624, San Vicente. Notable fue el levantado por D. Manuel Berggiovane, en San Jerónimo al 2300, en San Vicente. El de la flia. Amaya en Famatina, barrio San Martín. El de los Olmedo en calle Artigas.
   A todos ellos asistían los fieles devotos, amigos y vecinos; durante toda la Novena, Navidad y tiempo de Epifanía, se organizaban entre los niños asistentes, recitados y concursos de “lobitas” (loas, villancicos),.
  Sin olvidar los armados en las Iglesias de San José de Alto Alberdi, todo mecánico, accionado con un mecanismo de relojería y a motor, con figuras movibles, hermoso molino de viento iluminado; el que levantaban los PP. Salesianos en María Auxiliadora; el espléndido del Colegio Robles, mecánico, hermosos, levantado por la piedad de los PP. Jesuitas, montado en un gran escenario con un telón de fondo incrustado de estrellas, la luna y las nubes desplegadas en el claro cielo de una noche serena…  Reunían todos inmensa cantidad de fieles de todos los lugares de la ciudad, desfilando ininterrumpidamente desde la Nochebuena hasta la Noche de Reyes.
  En la víspera de Navidad, la Nochebuena, solían salir en procesión por las calles del barrio recorriéndolas entre cánticos, rezos, oraciones y golpes de tambor para retornar al pesebre donde continuaba la velación toda la noche. Se recitaba la hermosa paráfrasis del Ave María, de Rosete, el contemporáneo de Lope de Vega.
  El día de Navidad, el jefe de familia, a las siete de la mañana, reunía a toda su familia, para el rezo del Rosario.
  En esta noche de turrones, de mazapanes y de pan dulce, todo hablaba de Cristo, del Niño Dios.
Extraído de “La Navidad en Córdoba” escrito por Julio Viggiano Essain, quien fuera investigador y Musicólogo del Instituto de Arqueología, Lingüística y Folklore “Dr. Pablo Cabrera” de la UNC-Argentina.)

EL PESEBRE DE LAS CORRO por Ángela Argibay de Domínguez

Han pasado muchos años. Cosas buenas y malas se han sucedido en el rápido cinematógrafo de la vida. Se han borrado muchas, y otras han tomado más relieve.

Allí en la dulce Córdoba, casi a la sombra de las torres de Santo Domingo, había una casita humilde de inconfundible carácter, la casita de las Corro. Tenía un patio de ladrillos humedecidos por el continuo riego de plantas, raras y también regionales. El verdín, raro en Córdoba, la ciudad del sol y el aire seco, hacía manchas oscuras sobre los ladrillos. Se respiraba, en Diciembre, frescura en aquel patio. Habitaban aquella casa dos solteronas hermanas.

Córdoba les debe mucho. Han inculcado a muchas generaciones el amor por el Dios Niño. Todos los años construían en la pieza grande con ventanas de reja, el pesebre más encantador, el nacimiento del hijo de Dios, todo un poema místico trabajado por las manos hábiles de mujeres. Era precioso y traía al espíritu, al contemplarlo, una sensación de bienestar.

Todas las sinuosidades del terreno estaban aprovechadas para un detalle interesante. En una curva o gruta, al centro, estaba el Niño, resplandeciente de joyas y encajes, como quizá hubiera sucedido en las ricas tierras de los incas, que le hubieran ofrendado el oro de sus montañas y los encajes primorosos de sus mujeres, al lado la Virgen, con su doble aureola de virgen y madre, el misterio sublime de nuestra religión. San José con su cara plácida de príncipe consorte.

Detrás, el burrito gris y paciente y el manso buey ayudando a vivir, dando su calor al hijo de Dios. Colgando de la peña por hilos invisibles, mofletudos ángeles rosados, volaban interminablemente sobre aquel conjunto.

Había un laguito con una fuente misteriosa, de la que bebía la concurrencia transportada, imaginando beneficios infinitos y que por debajo era una combinación de tarros de kerosene puestos al servicio de una sencilla y tierna piedad.

Aquella fuente refrescaba continuamente un valle de trigo recién nacido, que con su verde claro contrastaba con el marrón tabaco de la montaña.

Diseminados por todas partes, objetos diversos que comunicaban animación dando a veces idea de

realidad y movimiento. El conjunto era precioso y la concurrencia menuda se incautaba con tanta maravilla. La niñez tiene el privilegio de contentarse con poco con tal que brille y la humanidad es siempre niña.

Las plantas del patio transportadas y en flor perfumaban el ambiente y daban su nota de color al conjunto. El incienso quemado en artístico sahumador de plata antigua envolvía a todo en una nube densa y olorosa. Entonces surgía la figura fina, austera de Pastora Corro, que arrodillándose modulaba oraciones repetidas por la concurrencia, que era selecta, incluida también en ella alguna negra al servicio de alguna casa solariega que daba también como las flores, su nota de color.

¿Recordáis señoras de Córdoba a Pastora Corro? ¿La recordáis toda finura, paciencia y delicadeza, ocupada de hacer el bien, en consolar, inculcando en las almas la piedad como camino a la felicidad? Haciendo con ella contraste, doña Clementina, áspera y gruñona, arreglándolo todo, mandona con su andar de renga, regañando con sus anteojos en la punta de la nariz que solo le servían como balcón de sus ojos, cuando alterada daba un sacudón aquí, otro allá, a las chicas que como a rebaño manejaba. Quizá fuera como el fruto de nuestros cactus: espinosos por fuera y almibarados por dentro. Ella se ocupaba de lo más difícil: organizaba. Elegía entre sus niñas de la ciudad, las más bonitas y no siempre las más dóciles y les enseñaba loas al Mesías, y hacía, sirviéndose todas, una reproducción de lo que pasara en Belén. Una de las más chicas era el ángel anunciador que parada sobre un cajón forrado en papeles de color y de "estrellas" de plata como decía nuestra negra, con traje tachonado con las mismas estrellas, de zapatos blancos, alas de tul y medias rosadas, subía casi volando la escalera, sin librarse de un pellizco de doña Clementina, que, impaciente, quería que fuesen ángeles de verdad y los hacía volar a fuerza de la tenaza de sus dedos útiles.

El ángel anunciaba a los reyes el lugar del nacimiento del Hijo de Dios.

Los reyes cruzaban el áspero camino cargados de ofrendas, quemando incienso, agobiados por el peso de sus adornos, cubiertos de piedrones preciosos. El ángel les enseñaba la estrella que debía guiarlos y entonces doña Clementina tiraba de un hilo y el astro se ponía en movimiento, de un ángulo al otro de aquel patio, moviendo su estela de papel de plomo y que hacía un ruido metálico especial, llamando la atención de todos.

Los reyes llegaban a Belén, donde entre incienso, mirra y ofrendas adornaban al hijo de Dios. ¡Cómo inculcaron de este modo, las hermanas Corro, al conocimiento del milagro del nacimiento!

¡Cómo, empeñosas, todos los años repetían su devoción afanosamente, sin otro fin que servir a Dios y ver su imagen, en quien habían puesto todo su cariño, adorada siempre!

A la sombra del pesebre se formaron numerosas amistades y afectos que no ha desatado el tiempo. Recuerdo con placer a niñas gentiles que allí viera: Delia Ocampo, delicada y artística; Lola Olmos, esbelta y espléndida; la ñata Colodro, espiritual y sensible y tantas otras que han sido luego adorno de los salones y ejemplo de virtud en hogares cristianos. ¡Cómo han contribuido las hermanas Corro con su pesebre a formar corazones y caracteres  y ya nadie las recuerda!

La sociedad de Córdoba les debe un lugar donde descansen juntas, un sepulcro, una lápida, algo que perpetúe su memoria, porque nos dieron piedad, constancia, labor y paciencia que tanto sirven en el camino de la vida.

Sería justicia que alguna vez fueran muchas niñas vestidas de blanco y cubrieran de flores el pedazo de tierra que guarda sus cenizas, porque fueron piadosas y caritativas y porque es dulce pagar beneficios con flores y plegarias.

Esta colaboración de Mónica Hoss Dominguez Argibay, nieta de la relatora Ángela Argibay de Dominguez, ilustra como eran aquellos famosos Pesebres; podían ocupar casi una habitación o salas de recibo. En el caso de las hermanas Corro eran también Pesebres vivientes, representaciones en el patio de la casa, en pleno centro de la ciudad de Córdoba. Publicado en Los Principios; no tengo fecha pero esta costumbre se mantuvo desde l900 a 1950.

PRESENCIA DEL NIÑO DIOS EN CÓRDOBA.
CÓMO SE INSTALA EL  NIÑO DIOS  ENTRE LOS POBRES DE CÓRDOBA.
Hubo un constante impulso de las vocaciones religiosas durante los años del Obispado de Monseñor Toro y se instalaron varias instituciones católicas de enseñanza.

Sobre el Padre Juan B. Cherta  se ha dicho: “quien tuviera que imaginarlo en la apoteósis de su gloria, lo representaría en un éxtasis afectuoso en medio de un grupo simbólico de figuras de Jesús Niño en diversas faces de su infancia. El Divino Niño de Belén era una de sus devociones predilectas y esto puede darnos una idea de la semblanza de su espíritu”
 1º) Colegio del Niño Dios- La Divina Providencia le deparó en Mons. de La Lastra un bienhechor que le donó un lote de terreno con las paredes ruinosas de una capilla y en la Sra. María Luque de Gastañaga una auxiliar generosa que le ayudara como otros muchos a levantar la capilla y el Colegio del Niño Dios, que atendido por almas abnegadas y heroicas llegó a cobijar a 300 y más niñas pobres. Se fundó el 12 de marzo de 1894. Estaba destinado única y exclusivamente a la educación gratuita de niñas de la clase obrera.  Como entonces escaseaban las escuelas del Estado llegó a tener entre 350 a 400 alumnas, más adelante no bajaban de 150. La instrucción que recibían era la oficial y  hasta cuarto grado; es decir el 1º grado inferior y superior; 2º inferior y superior; 3º y 4º grados ; se las instruyó también en los quehaceres domésticos y en Corte y Confección, dándoseles la tela para confeccionar sus propias ropas. Las niñas que acudían  eran de la clase pobre, harapientas y descalzas, lo mismo las chicas que las mocetonas, pues para instruirlas en la religión, enseñarlas a oír misa, prepararlas para la confesión y comunión, no se miraba la edad. En 1924 gozó del Gobierno Provincial de una subvención de 100 pesos (menos durante un breve tiempo en que se le daba 300).
 Se fundó el 12 de marzo de 1894. En la inauguración figuraban la Srta. Clementina Ortiz (directora, maestra normal nacional); la Sta. María Domínguez (maestra); Srta. Rosario Chandía (maestra normal nacional), como una o dos auxiliares más. Funcionaba en un caserón antiguo que el Gobierno prestó, situado entonces en la saliente que forma la Av. Argentina (hoy…) al terminar en la plaza Vélez Sársfield; el que ocupó hasta la terminación del edificio que estaba en construcción. El P. Cherta fue comprando, de a poco, con donaciones recibidas más terrenos, hacia la calle Belgrano. El primer lote lo compró con una donación en metálico que le hizo Da. Margarita Luque de Gastañaga; esta dama colaboraba con $ 200.- por mes. El Sr. Ceferino de La Lastra, fue uno de los protectores del Colegio y dio al P. Cherta una casita para su sostenimiento, la que sirvió para ampliar el colegio.
Otra forma de ayuda recibida fue la apertura de un bazar con cuyo producto se pagaba semanalmente a los obreros.
A raíz de tanta pobreza las maestras auxiliares recibían sólo $ 10.- A la Directora y a los dos profesores apenas la comida.
Se llevó al alumnado a oír misa en la Compañía de Jesús, uniformadas. La gente lo llamó Colegio de las descalzas porque, en casi su totalidad iban así, hasta a clase. Una anécdota: el Sr David Carreras,  persona rica y caritativa, pregunta porqué las niñas andaban descalzas; "por la sencilla razón de que no tienen calzado” Pocos días después el Colegio recibió un fardo de 200 pares de zapatos y varias piezas de género, para confeccionar vestidos.
Mientras vivió el P. Cherta, no se pidió subvención al Gobierno pues sostenía el Colegio (y la Capilla) con las limosnas que sus amigos le ofrecían.
Pocas empresas han luchado con tantas dificultades como el Colegio del Niño Dios. El balance de esta obra arroja estos datos:
1º) Pobreza y categoría humilde de  las niñas del Colegio.
2º) Abnegación sublime de las maestras y educadoras.
3º) Estrechez y deficiencias en el local llamado a ser Colegio.
4º) Paulatino desamparo de las familias o abandono de una institución tan de caridad cristiana y fructuosa.
5º) Singular protección del cielo. En sus 46 años de existencia y la visible Providencia de Dios en esos momentos en que el laicismo de los gobiernos hostilizaba ya a los centros de educación cristiana.
Extraído de “Acción de los jesuitas en Córdoba. “Su obra educativa” por Joaquín Gracia S.J.
En 1945 las hermanas Religiosas de María Inmaculada en América, se hacen cargo del Colegio. calle Derqui 368- Córdoba


OBRAS DE CARIDAD CORDOBESA- COLEGIO DEL NIÑO DIOS-

2º) Capilla del Niño Dios
En 1901 se terminó e inauguró la capillita. El altar mayor lo compró el P. Cherta, en Santa Fe, por  $40,- Provenía de la antigua Compañía de esa provincia.


En el centro de la fachada , una hornacina contenía  esta escultura del Niño Dios.
Actualmente está a cargo de las hermanas Religiosas de María Inmaculada en América- calle Derqui 368- Córdoba. A la intemperie y algo cubierto por unas palmeritas...con evidentes deterioros 

3º) Otro Colegio llamado también del Niño Dios, situado en calle Santa Rosa entre San Martín y Rivera Indarte, llegó a tener hasta 200 niñas; éste resistió menos los embates de la lucha y desapareció años antes.
Datos: “Reseña Histórica de la Casa Noviciado de la Compañía de Jesús en Córdoba”  por el P.Sebastián Raggi-1937
 4º) Quinta del Niño Dios- en Carlos Paz. En el año 1906 los Padres Jesuitas toman posesión de la estancia La Quinta, donada por la señora Eugenia Gastiñaga a la Compañía de Jesús. El Padre Cherta le da el nombre de Quinta del Niño Dios, cuyo nombre conserva hasta hoy. El lugar fue utilizado como casa de retiros espirituales, evangelización, estudios y hasta construyeron un tajamar para regar sus producciones frutícolas.
El Padre Juan B. Cherta
Nació en Burriana de Valencia, en España el 15 de abril de 1845, e ingresó en la Compañía el 23 de octubre de 1865. Ordenado sacerdote el 22.7.1877, vino a América en 1878 y de los 42 años que estuvo en la Argentina, 22 los pasó en Buenos Aires y los otros 20 en Córdoba, dedicado a los ministerios apostólicos, con  los cargos de Maestro de Novicios y Superior de la Casa de la Compañía. Es trasladado a Buenos Aires en febrero de 1902, nombrado Rector del Colegio del Salvador, Avenida Callao. Falleció el 6 de noviembre de 1920, en Buenos Aires.

5º) - El Santo Niño Jesús o Santo Niño Milagroso  en el Monasterio de Santa Catalina- Hermanas Domínicas- Córdoba. No se sabe precisamente el año en que fue encontrada la imagen del Niño Jesús que se venera en el Monasterio de Santa Catalina. Se cree que es posterior al año 1826, en que tomó el santo hábito, el 6 de junio, en dicho Monasterio, Ana Josefa Pinto, hija de Nicolás Pinto y de Norberta Ramallo, pues siendo ya religiosa, se la envió a ella su hermana, Mercedes Pinto, y desde ese tiempo se ha conservado con gran veneración en el Monasterio.

SANTO NIÑO MILAGROSO ROGAD POR NOSOTROS
Esta imagen ha sido venerada desde entonces; tenía su Oratorio, al costado de la Iglesia de las Catalinas y era visitado constantemente, diariamente por innumerables devotos, hasta que nos cerraron su puerta.


María Dominguez López- una de las maestras fundadoras.
Córdoba - Los Principios, 11 de abril de 1923
Señorita María Domínguez.-
   Ha fallecido ayer víctima de una penosa dolencia, la señorita María Domínguez, antigua y prestigiosa educadora que consagró la inteligencia y sus dotes a la enseñanza particular de los institutos religiosos.
  El Colegio del Niño Dios, benemérito instituto que presta incalculables beneficios morales y educativos a las hijas de obreros del barrio que forma el Pueblo Güemes y sus adyacencias, la contó desde el primer día como una de sus primeras profesoras, contribuyendo  a formar el establecimiento que se fundara gracias al entusiasmo del Padre Cherta, de inolvidable memoria.
  Modesta, con aquella modestia evangélica de las almas elegidas, trasuntando en todas sus manifestaciones la virtud, la abnegación, la nobleza de espíritu y la dedicación a la obra que había conseguido atraer su temperamento.
  Hija de un hogar espectable, estaba vinculada por parentesco al abolengo cordobés, y no obstante su alejamiento de toda actividad social, contaba de sinceros cariños.
  Pero donde se le guardaba un afecto, que ahora después de su muerte ha de agrandar el recuerdo, era en el barrio de su colegio, al que prodigó tantos bienes.
  El sepelio de sus restos se realizará hoy en el Cementerio San Jerónimo, a las 16.00 horas.
(El barrio de su colegio era el Abrojal, más tarde llamado Güemes)

María Dominguez era hija del Dr.Arturo Dominguez Sienra Carranza, uruguayo y de Ramona López Hernández Trejo, santiagueña.
Nació en el pueblo de Loreto, Santiago del Estero. Luego de la inundación y desaparición del mismo la familia se fue a vivir a Buenos Aires y años más tarde se trasladaron a Córdoba. Formó parte del grupo de damas  dedicadas a la vida de caridad con indeclinable abnegación.
Maria Dominguez, a los 12 o 13 años, de luto por su madre


Extraigo un trozo de una carta enviada por un sobrino de María, a sus hermanas, evocando el pasado: estaba  haciendo tiempo para tomar un ónmibus en la Vieja Terminal, Av. Vélez Sársfield.
(...) Durante la madrugada recorrí un sector de la ciudad. Anduve por el histórico Abrojal en los alrededores de la cañada. Me senté en los brocales o parapetos y comencé a recordar las épocas de la niñez. Tenía por delante -a la distancia- envuelta en las sombras, la Escuelita del Niño Dios; y a mis espaldas la barranca de aquel barrio que fue por tantos y largos años, el centro del malevaje con tradición indígena.. En ese silencio, y en esa oscuridad alumbrada por relámpagos, me pareció escuchar el tambor de los candomberos. (...) Al pasar por la Escuelita del Niño Dios, me detuve delante de su Iglesia: miré al Niño Jesús que preside  la portada, y resucité mil detalles que se presentan en el recuerdo, como humo de chimeneas muy altas y lejanas. Luego giré hacia la casa: y examiné las ventanitas de aquellas celdas sobrias, donde descansaban aquellos obreros tan trabajadores de la Gloria de Dios: Rosarito, Nila y María. Dos de ellas acá todavía, esperando y creyendo...y una ya, viajera en la eternidad. Dicen que María Domínguez murió cantando...que "al cielo quiero ir...".    (23 enero 1953)

La Capilla y el Colegio del Niño Dios, sobre Bvd.San Juan y Belgrano.




“ AL  NIÑO  JESÚS “

Belén portal dichoso,
Casa de pan, que ciñes
Aquel cándido trigo
Nacido en tierra virgen,
Deja que a tus umbrales
No palacios sublimes,
No edificios soberbios
De Babilonia envidia.

Deja que tu pesebre
Sellos mis labios frisen,
Fuentes mis ojos rieguen,
ojos el alma mire.

En tu inmensa estrechura
Lo grande miro humilde,
Lo incircunscrito breve,
Postrado lo terrible.

Quien es de tierra y cielo
Compasador Euclides
A una cuna de paja
Se proporciona y mide.

El calor se le niega,
La nieve le corrige,
Y a quien da nieve y lana
No hay pañal que lo abrigue.

¡Oh, cómo está la Madre
agradeciendo humilde
el abrigo a las bestias
que el hombre le prohibe!

Mece la jumentilla
Los pajizos cojines
Y el buey, con tardo aliento,
De brasero le sirve.

Llorad, ojos, un rato,
Que cuando el hombre aflige
A Dios, de rudas bestias
Asistir se permite.


Aquella bella Aurora
Por quien los campos ríen
De la eterna y triunfante
Jerusalén insigne
Llora sobre las pajas
Y en sus hilos humildes,
Torzales de oro, ensarta
Aljófares sutiles.
¡Y así le dice al Niño?


“Esta cuna infelice,
hijo, te pronostica
alguna tumba triste;
y siendo tan estrecha
desde agora me dice
que en las pajas te ensayas
para en la cruz bullirte.

Sus agudas aristas
Manos y pies te afligen
Y los tres pronostican
De acero agudos linces.

Las que tus tiernas sienes
Punzan sobre sutiles
Hebras, de tu cabeza
La corona me dicen.

Al vestido encarnado
Que de mi tela hiciste,
Raro y triste y pajizo
De entretela te sirve”.

Entre pucheros tiernos
Ya llora, ya se ríe
El Niño con la Madre,
Y ella, llorando, dice :

“Si tu desnudez lloras,
dime por qué saliste
dejando mis entrañas
que eran pañales firmes.

Mas ya me estás diciendo
Mientras lloras y ríes :
-Salgo a buscar ingratos
pues por ingratos vine.

No llores, pues, bien mío,
Si a tanto te atreviste
Que a tu Padre dejaste
Y a tu Madre despide


de LUIS DE TEJEDA – 1604.1680 
Primer poeta criollo







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